martes, 2 de abril de 2013

Capítulo 8: Creo en la Comunión de los Santos


Capítulo 8: Creo en la Comunión de los Santos:

Su significado:
-          En primer lugar, apunta a la comunión en la eucaristía. El cuerpo de Cristo es capaz de unir lo disperso en torno a Cristo resucitado.
-          En segundo lugar, supera los límites de la Eucaristía, y une a los que han recibido al Espíritu Santo.
-          En tercer lugar, a todos los miembros de la Iglesia en las cosas santas.
-          Y en cuarto lugar, designa la comunión entre las personas santas:
o   Ya sean las que peregrinan por este mundo.
o   Ya sean los difuntos en purificación, ayudados por nuestras plegarias.
o   Ya sean los que gozan de la gloria y están rogando por nosotros.
-          Por tanto, la Comunión de los Santos es una realidad que se va construyendo aquí en la tierra, pero que se manifestará plenamente cuando se vea a Dios tal cual es (I Jn 3,2).
-          Es un vínculo misterioso pero real, alimentado por la Oración y la Eucaristía.
-          En él se entiende el sufragio ofrecido por los difuntos.

miércoles, 27 de febrero de 2013

05 Powerpoint: Capítulo VII: Creo en la Iglesia

07. Capítulo VII: Creo en la Iglesia


            Con palabras del Papa, «la Iglesia existe para que Dios, el Dios vivo, sea dado a conocer, para que el hombre pueda aprender a vivir con Dios, ante su mirada y en comu­nión con Él... La Iglesia no existe para sí misma, si­no para la humanidad. Existe para que el mundo lle­gue a ser un espacio para la presencia de Dios, espa­cio de alianza entre Dios y los hombres».
            En la actualidad encontramos a muchas personas que han dado la espalda a la Iglesia: unos porque piensan que es demasiado retró­grada, demasiado medieval, demasiado hostil al mundo y a la vida; otros, al contrario, porque creen que la Iglesia está a punto de traicionar su especificidad, de venderse a la moda del tiempo y, de este modo, perder su alma. Están desilusiona­dos como el amante traicionado y por eso piensan seriamente en volverle la espalda. En el fondo, en lugar de la Iglesia hemos colocado nuestra Igle­sia, miles de iglesias. Cada uno la suya. Detrás de nuestra iglesia o de vuestra iglesia ha desaparecido «su iglesia», la del Señor.
            Con el término «Iglesia» se designa al pueblo que Dios convoca y reúne desde todos los confines de la tierra, para constituir la asamblea de todos aquellos que, por la Fe y el Bautismo, han sido he­chos hijos de Dios, miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo.
            En la Sagrada Escritura encontramos muchas imágenes que ponen de relieve aspectos comple­mentarios del misterio de la Iglesia. El Antiguo Tes­tamento prefiere imágenes ligadas al Pueblo de Dios; el Nuevo Testamento, aquellas vinculadas a Cristo como Cabeza de este pueblo, que es su Cuer­po, y las imágenes sacadas de la vida pastoril (redil, grey, ovejas), agrícola (campo, olivo, viña), de la construcción (morada, piedra, templo) y familiar (esposa, madre, familia).

miércoles, 20 de febrero de 2013

04 Powerpoint: Capítulo VI: Creo en el Espíritu Santo

06. Capítulo VI: Creo en el Espíritu Santo


1. El Espíritu Santo

Hablar del Espíritu Santo es no solo ha­blar de la vida íntima de Dios, sino de «Dios hacia fuera», del poder por el que el Señor resucitado sigue presente en la historia.
Lo propio de la tercera persona de la Santísima Trinidad consiste «en lo común», en la unidad del Padre y del Hijo. Padre e Hijo son uno mismo entre sí en cuanto que van más allá de sí; en el tercero, en la fe­cundidad de la donación, son un único ser.
San Agustín dice que lo propio del Espíri­tu Santo es precisamente lo que es común al Padre y al Hijo: la comunión. Su peculiaridad es ser uni­dad.

viernes, 18 de enero de 2013

03 Powerpoint: Capítulo V: Creo en Jesucristo

05. Capítulo V: Creo en Jesucristo


Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

La parte dedicada a Jesucristo es la más extensa en las tres versiones del Credo: Apostólico, Niceno-Constantinopolitano, y Pueblo de Dios.
Por eso se ha dividido en dos sesiones.

1ª PARTE  (Primera sesión)

Jesucristo, Buena Noticia:
En los dos últimos siglos ha habido una polémica sobre la identidad de Jesucristo que consistió en lo siguiente:
-          Para unos, le veían preferentemente como Jesús de Nazaret, al potenciar su dimensión humana.
-          Para otros, sin embargo, casi exclusivamente  desde la dimensión divina: el Cristo del Credo.
Últimamente se ha llegado a un acuerdo que consiste en saber que no se puede acceder al Jesús histórico prescindiendo del Cristo de la FE. Uno y otro son la misma persona.
Desde la primitiva comunidad cristiana, la predicación consistió en anunciar a Jesucristo para proponer la fe en Él. La palabra “Jesucristo” encerraba ya dos dimensiones. Así el nombre de “Jesús” significa “Dios salva”, expresando su identidad humana y su misión específica. El nombre “Cristo” (Mesías) significa “Ungido”. Jesús es el Cristo porque ha sido consagrado por Dios para la misión redentora.
Jesús acepta el título “Cristo” siempre que sea compatible con el siervo sufriente “que da la vida por muchos” (Jn 3,13). De “Cristo” procede el nombre de “cristianos”, es decir, los que tienen su misma vocación desde Él.
El término “Señor” (kyriós) se aplicaba solamente a Dios. Revela la naturaleza divina, y los primeros cristianos se lo aplican muy tempranamente a Jesús, al reconocer en él el mismo poder, honor y gloria que a Dios Padre.
            Así Jesucristo kyriós es el único a quien merece la pena someter la propia libertad.

02 Powerpoint: Capítulo IV: Creo en Dios Padre

domingo, 9 de diciembre de 2012

04. Capítulo IV: Creo en Dios Padre


IV. CREO EN DIOS PADRE

Creemos en un solo Dios

La profesión de fe comienza con la afirmación «Creo en Dios» porque es la más importante: la fuente de todas las demás verdades sobre el hombre y sobre el mundo, y de toda la vida del que cree en Dios. Que Dios sea uno no lo sabemos solo por la razón, sino porque Él mismo se ha revelado en cuanto tal. Primero, al pueblo de Israel, cuando dice: «Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor» (Dt 6,4), «no existe ningún otro» (Is 45,22).
Segundo, y más decisivo, porque Jesús mismo lo confirmó: Dios «es el único Señor» (Me 12,29). ¿Entonces afirmar que Jesús y el Espíritu Santo también son Dios contradice la afirmación anterior? En absoluto, ya que son un solo Dios en tres personas diferentes, como tendremos ocasión de explicar más adelante.
Nos advierte el papa Benedicto que, cuando afirmamos que «Dios es», subrayamos con ello que existe la Verdad y un Fin por encima de nuestros fines e intereses. Existe otro Valor a lo que en este mundo se aprecia. Que todos nosotros somos criaturas, provenientes de ese mismo Dios. Criaturas amadas por Él y destinadas a la vida eterna. El hombre no proviene de la casualidad ni de la mera lucha por la existencia que lleva a la victoria al más apto que logra imponerse. Venimos del amor creador de Dios.
            También nos advierte el papa Benedicto que, en la mentalidad actual, al hablar de Dios tenemos dos peligros: por un lado, considerar la cuestión de Dios como algo meramente teórico e inútil y, por otro lado, lo contrario, considerar el tema de Dios como una cuestión de «praxis social», algo revolucionario”. Pero el Dios que se revela en las páginas de la Biblia es muy diferente: no es un principio inerte, sino que ha tomado la iniciativa y se ha revelado verdaderamente como ser «personal».
En el fondo, este primer artículo de fe nos pone ante un dilema: o bien se acepta la realidad como algo puramente material, o bien se acepta como expresión de algo que encierra un sentido. Son dos orientaciones de la vida absolutamente diferentes.

martes, 13 de noviembre de 2012

Credo del Pueblo de Dios (Pablo VI. 1968)


PABLO VI
CREDO DEL PUEBLO DE DIOS

Solemne Profesión de fe que Pablo VI pronunció el 30 de junio de 1968,
al concluir el Año de la fe proclamado con motivo del XlX centenario
del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo en Roma

Venerables hermanos y queridos hijos:

Unidad y Trinidad de Dios

8. Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de las cosas visibles —como es este mundo en que pasamos nuestra breve vida— y de las cosas invisibles —como son los espíritus puros, que llamamos también ángeles [1]— y también Creador, en cada hombre, del alma espiritual e inmortal [2].

01 Powerpoint: Capítulos I, II y III

03 Capítulo III: Creo - Creemos



III.- CREO – CREEMOS


            En el cristianismo, lo primero de todo es la Revelación de Dios, que ha hablado; la Fe es la respuesta del hombre a esa Revelación de Dios. Nos fiamos de Dios porque Él ha hablado primero y, lo más importante, nos ha amado primero. Dios es creíble y deseable. Nadie ni nada lo es como Él. Nadie como Él posee la autori­dad de la verdad y la credibilidad del amor.

Dios es el primero en todo

            Cuando en el seno de la Trinidad así lo decidie­ron, el Hijo se encarnó, se hizo carne de nuestra carne, historia de nuestra historia, tiempo de nues­tro tiempo. Y, para que descubriéramos con seguri­dad lo que Dios quería de nosotros, nos reunió en familia, en «Iglesia» (que significa ‘reunión de los que han sido llamados’), y nos hizo hijos adoptivos de Dios, gracias al Espíritu Santo, y, por lo tanto, here­deros de una vida que nunca concluirá.